VentanaAvionEl precepto fundamental del que partir para responder esta cuestión es el art. 17 del Convenio de Montreal, según el cual “el porteador es responsable del daño ocasionado, en caso de muerte, herida o cualquier otra lesión corporal sufrida por cualquier viajero, cuando el accidente que ha causado el daño se haya producido a bordo de la aeronave o en el curso de todas las operaciones de embarque y desembarque”

 

 

De la jurisprudencia internacional emanada en esta cuestión, debemos asentar que un accidente ocurre cuando la lesión (incluso muerte) del pasajero es causada por un evento o suceso inesperado o inusual, externo al pasajero, no producto de su propia reacción interna a una normal, usual y esperable operación de la aeronave.

La jurisprudencia ha considerado accidente un ataque terrorista; los secuestros de aviones; las explosiones con bombas; las amenazas de bomba; la caída del pasajero en la escalerilla del avión; los derramamientos de café, agua caliente o comida por parte de los asistentes de vuelo sobre el pasajero o servirle comida con un trozo de plástico en su interior o incluso el maltrato o agresión física de un empleado de la aerolínea al pasajero.

Por el contrario, la misma jurisprudencia considera que no existe accidente indemnizable en casos como el de la muerte de un pasajero por causas naturales durante el vuelo; en los daños que se le causen habiendo existido una denegación al pasajero que sufría hernia hiatal de ser trasladado a primera clase para poder recostarse y aliviarse; la muerte de un pasajero asfixiado al atragantarse con nueces; las caídas de pasajeros entre los asientos del avión o en el baño de la aeronave o en casos donde el pasajero no pueda moverse del asiento por aplicación de procedimientos de seguridad.

Por último, ¿podemos incluir dentro de la categoría de accidente aéreo los casos donde se agrava consecuencia de la operación de vuelo una dolencia física pre existente?

Fue famoso el caso ocurrido en 1997 cuando un pasajero falleció a raíz de un agravamiento de su condición asmática preexistente por la proximidad de su asiento a la zona de fumadores, que todavía en aquel entonces estaba habilitada en los aviones comerciales.

La cuestión que se debatió orbitó sobre la negativa de la azafata a trasladar al pasajero a otro asiento más alejado. La compañía aérea defendió que la muerte se produjo por su reacción interna al humo debido a una condición física preexistente, cual era su condición de asmático, no debiendo la compañía penar por ello, puesto que en aquella época la actividad de fumar en vuelos internacionales era habitual con lo que la presencia de humo en la cabina no era ni inusual ni inesperado. Sin embargo, la Justicia condenó a la compañía aérea, puesto que consideró que, en los términos del art. 17 antes citado, era suficiente que cualquiera de los eslabones de la cadena de eventos conducente al daño fuera inusual e inesperado, y, en este caso, la decisión de la azafata, de trasladar al paciente unos asientos más lejanos de la zona de fumadores, habiendo sitio para ello, podía encasillarse como inusual o inesperada.

En cambio, la jurisprudencia, en abundantes supuestos de muerte por agravamiento de trombosis venosa profunda que han aparecido tras la finalización de largos viajes en avión, ha dictaminado que, en esos supuestos, donde no pueda encontrarse ningún elemento adicional para ser sumado a la desnuda afirmación de que las condiciones de estrechez en las cuales el pasajero se encontraba sentado constituyeron un eslabón causal en la aparición de esa trombosis, se excluye la compensación por accidente al amparo del art. 17 del Convenio.

  • *La información que se contiene en este artículo ha sido extraída de la obra “La responsabilidad del transportista aéreo y la protección de los pasajeros” obra dirigida por Dña. María Jesús Guerrero Lebrón y editada por Marcial Pons en 2015