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canstockphoto36271303Una de las principales cuestiones que se plantea en el análisis del Convenio de Montreal es el derecho de crédito que se reconoce a favor del viajero por el incumplimiento, por parte del transportista aéreo, de sus obligaciones contractuales.

El Convenio prevé los siguientes supuestos indemnizatorios:

En relación al pasajero: muerte; lesión corporal y retraso.

En relación al equipaje transportado: su destrucción, avería o retraso.

Para cada categoría el Convenio establece un sistema de responsabilidad y unos límites indemnizatorios distintos. El sistema de límites empleado en el Convenio constituye una herramienta muy útil para el transportista, que puede calcular con suma precisión la carga de indemnizar a cada pasajero llegado el caso, y por ende, calcular el valor que deberán calcular los capitales a asegurar en aras a cubrir las sumas indemnizatorias que deban de pagar.

Es común a todos ellos la utilización de una medida monetaria llamada DEG (derechos especiales de giro) que son definidos en términos de una cartera de monedas fuertes utilizadas en el comercio internacional y las finanzas. En la actualidad, las monedas en la cartera son el euro, la libra esterlina, el renminbi chino, el yen japonésy el dólar estadounidense.

Para el caso de muerte o lesión del pasajero producida a bordo de la aeronave o durante cualquiera de las operaciones de embarque o desembarque, se articula un tipo de responsabilidad objetiva circunscrita a los daños, que no excedan del valor de 1.131.000 DEG por pasajero, sin que haya lugar a que el transportista alegue en su favor ni su diligencia, ni el cuidado en su actuar, así como ni la fuerza mayor o caso fortuito. Ahora bien, respecto de los daños que por tal estado excedan de la citada cifra, se articula un sistema de responsabilidad subjetivo en tanto que el transportista quedará exonerado de responsabilidad si puede probar que el daño no se debió a su negligencia o a otra acción u omisión indebida propia o de sus dependientes o agentes, o que el daño se debió únicamente a la negligencia o a otra acción u omisión indebida de un tercero.

Para el caso de daños ocasionados por retrasos en el transporte de pasajeros, se articula un sistema de responsabilidad subjetivo limitado a 4.694 DEG en tanto que el transportista no será responsable si prueba que él y sus dependientes y agentes adoptaron todas las medidas que eran razonablemente necesarias para evitar el daño o que les fue imposible, a unos y a otros, adoptar dichas medidas.

En el caso de daños producidos al pasajero por destrucción, pérdida, avería o retraso de su equipaje facturado, el transportista será responsable de tales daños por la sola razón de que el hecho que causó la destrucción, pérdida o avería se haya producido a bordo o durante el tiempo en que ha estado bajo la custodia del transportista. Queda exceptuado el caso que el daño se deba a la naturaleza, a un defecto o vicio del equipaje. Para el caso de equipaje no facturado, será responsable el transportista si el daño se debe a su culpa o a la de sus dependientes /agentes.

El importe de la indemnización del daño en el equipaje se limita a 1.131 DEG por pasajero, como norma general, pues éste podría percibir mayor suma si al entregar el equipaje facturado realizó una declaración especial de valor, abonando una suma complementaria por ello. En tal caso, el transportista deberá abonar un importe que no excederá el de la suma declarada.

Por último, en relación al plazo para ejercitar las acciones para exigir las responsabilidades apuntadas, el art. 35 del Convenio de Montreal establece que el derecho a la indemnización se extinguirá si no se inicia una acción dentro del plazo de dos años contados a partir de la fecha de llegada a destino, o la del día en que la aeronave debería haber llegado o la de la detención del transporte. Una de las dudas doctrinales existentes es si estamos ante un plazo de prescripción o de caducidad. La mayoría de países entienden que el plazo de dos años es de caducidad. En España, existen pronunciamientos y argumentos en un sentido y otro.

*La información que se contiene en este artículo ha sido extraída de la obra “La responsabilidad del transportista aéreo y la protección de los pasajeros” obra dirigida por Dña. María Jesús Guerrero Lebrón y editada por Marcial Pons en 2015