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BanderaMexicoCuando acompañamos a los inversores españoles fuera de España es habitual encontrar muchas figuras jurídicas equivalentes a las conocidas en nuestro ordenamiento. Hay calificaciones urbanísticas, suelo en el que, con uno u otro nombre, en unas u otras condiciones, se puede construir y suelo protegido; te puedes encontrar servidumbres de paso a favor de vecinos, usufructos a favor de terceros, sociedades con una estructura más o menos similar a nuestras mercantiles… aunque cambien plazos, condiciones, supuestos, etc. 

 

Sin embargo a veces nos encontramos con institutos jurídicos realmente desconocidos y, por ello, inicialmente desconcertantes.

Éste es el caso de los Fideicomisos mexicanos, una figura tan extraña para los inversores españoles como habitual en las transacciones jurídicas mexicanas.

Dicho en palabras vulgares, con escasa pretensión técnica, los fideicomisos, en México, sirven casi para todo y, precisamente por eso, abundan.

Pues bien, lo primero que hay que decir es que encontrarse un fideicomiso en el Registro de la Propiedad probablemente sea mucho menos problemático que, por ejemplo, descubrir un manglar en el terreno que se quiere comprar.

¿Qué es el fideicomiso? Esta figura vendría a ser “un mandato irrevocable” en virtud del cual un propietario, fideicomitente, entrega la propiedad de un bien a una institución fiduciaria (siempre me he encontrado a un banco como fiduciario), con instrucciones de que disponga de ese bien en beneficio de un tercero llamado, fideicomisario o beneficiario, determinando, en su caso, las condiciones bajo las cuáles se hará la entrega al beneficiario.

Suena complicado pero, precisamente por lo genérico de la figura, sirve para múltiples operaciones, siempre que los fines sean lícitos.

Por ejemplo, pueden usarse los fideicomisos para ordenar la sucesión mortis causa de una persona, especialmente si se ha querido diferir la entrega de la herencia a que el beneficiario llegue a la mayoría de edad o cumpla una condición lícita; pueden aparecer en el marco de una donación, una reestructuración patrimonial (al modo del trust anglosajón), como fideicomisos de inversión, de administración, o como una garantía en una operación de financiación.

De hecho, los fideicomisos que he encontrado en operaciones en México siempre han sido en operaciones de garantía.

En función de cuáles sean las instrucciones del fideicomitente al fiduciario, de cuáles sean los fines del fideicomiso y de quién sea el beneficiario, la posesión la conservará o no el fideicomitente.

Los inversores españoles normalmente prefieren adquirir la propiedad de forma normal, no como beneficiarios de un fideicomiso. Es perfectamente lógico. Ahora bien, el mensaje para el inversor español es que no se asuste si se topa con un fideicomiso. Es desconocido para nosotros pero absolutamente normal en México. Una figura controlada y controlable. Una figura que, tratada caso por caso, no tiene por qué parar ninguna inversión.