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DrogasPrevisto con carácter general en el actual art. 368 del Código Penal, que castiga las conductas tipificadas contra la salud pública con penas de hasta 6 años de prisión y, con carácter específico, en el art. 369.7 que las eleva a su mitad superior cuando tengan lugar en centros docentes, unidades militares, en establecimientos penitenciarios o en centros de deshabituación o rehabilitación, expongamos unas ideas sobre el autoconsumo como estrategia de defensa para un imputado de la conducta prevista en el art. 368 del Código Penal cuando aquél es un interno en un centro penitenciario.

 

Debemos empezar diciendo que la prueba que la posesión de las sustancias tóxicas lo es para el consumo propio será causa de absolución de nuestro cliente. Ello es así porque nuestro Código Penal no castiga la tenencia de sustancias tóxicas cuando éstas están destinadas al autoconsumo sino que lo que penaliza es la transmisión a terceros por parte del sujeto que ostenta la posesión de aquéllas, circunstancia que deberá ser plenamente acreditada por la acusación al tratarse de un elemento integrante de la infracción penal, debiendo para ello probarse la concurrencia de datos objetivos que evidencien la intención de destinar la sustancia prohibida a su distribución o venta a terceras personas. La jurisprudencia ha señalado como criterios útiles en este sentido, entre otros, la cantidad de sustancia aprehendida, el lugar en el que se halla, la forma de presentación y la condición o no de consumidor habitual del imputado.

En relación a la cantidad de sustancia confiscada, será muy importante en cada caso conocer qué sustancia se ha intervenido, si el imputado es consumidor habitual de sustancias tóxicas y en qué proporción. El Tribunal Supremo ha venido considerando que la droga está destinada al tráfico cuando la cuantía de la aprehensión exceda del acopio medio de un consumidor. Es bien conocida la doctrina según la cual es perfectamente admisible que el toxicómano pueda hacer acopio de sustancias tóxicas o estupefacientes para un período de cinco días.

Sin embargo, el criterio del volumen aprehendido no debe tomarse como un referente automático, por cuanto en supuestos donde la cantidad intervenida supera con creces los parámetros jurisprudencialmente establecidos, defender la tesis del autoconsumo es plenamente viable. En el último caso defendido con éxito en nuestro despacho, al imputado se le intervinieron dos huevos kínder escondidos en su ano. En uno se contenían 54 pastillas de alprazolam de 1mg y en el otro 49 pastillas de 2mg. En total pues, 152 miligramos, que sería más de lo que resultaría ser un acopio normal de sustancias tóxicas destinadas al autoconsumo. Pero dicha circunstancia_ el volumen de lo intervenido_ se puso en relación con su condición, totalmente acreditada, de drogodependiente y consumidor habitual de sustancias tranquilizantes, por la cual llegaba a consumir entre 4 y 6 comprimidos al día de trankimazín, tanto de 1 como de 2 miligramos. Por consiguiente, estaríamos hablando de un consumo aproximado de 8 milígramos al día y un acopio de 19 días.

Habiendo sido las sustancias intervenidas tras un vis a vis en el centro penitenciario, habiendo quedado probado que el imputado disfrutaba de dos vis a vis al mes,  se pudo deducir que el género que portaba escondido en el interior de su cuerpo podía durarle poco más de unos quince días, precisamente el espacio temporal comprendido entre cada encuentro vis a vis.

Por su condición de drogodependiente, además, resulta verosímil la toma de medicamentos como el alprazolam o el tranquimazín, cuyo mecanismo psico-activo comparte las propiedades ansiolíticas relajantes musculares y anticonvulsionantes, con una actividad específica en las crisis de angustia, propias de las personas que padecen síndromes de abstinencia, precisamente por ser consumidores habituales y desde largo tiempo de cocaína o heroína.

Por último, el hecho de tener en su poder cantidades superiores a las establecidas como propias de un consumidor habitual puede justificarse perfectamente con el acopio realizado por un interno en un centro penitenciario, donde se presume una dificultad que puede tener éste en el abastecimiento, por los continuados controles a que están sometidos por los funcionarios de servicio.