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El beneficio de inventario es el mecanismo que la ley ofrece al llamado a una herencia como heredero para que pueda adquirirla manteniéndola separada de su propio patrimonio, a todos los efectos legales, hasta que se hayan pagado todos los acreedores y legatarios. Por consiguiente, supone una garantía plena para el heredero en el sentido que no se producirá una confusión entre patrimonios_ el del difunto y el suyo_ y no responderá con sus propios bienes de las deudas del finado. Aunque lo habitual es que el beneficio de inventario sea una opción escogida por el llamado a la herencia como heredero, en algunos pocos casos, es la ley quien establece que la herencia se entenderá aceptada a beneficio de inventario, por ejemplo, en los casos en los que por no existir testamento ni herederos legales, acaba siendo el Estado el sucesor.  Veamos quién, cómo y cuándo puede hacerse valer este derecho.

Es importante significar que el sujeto del beneficio de inventario es el heredero, sea o no en virtud de testamento, y, si fueran varios, no importa que algunos soliciten el beneficio de inventario y otros no. 

Para poder solicitar este beneficio hay que acudir a un Notario o bien solicitarlo ante el Juez. 

En cuanto a los plazos en los que instar el beneficio, dependerán de si el instituido heredero tiene en su poder parte o todos los bienes que conforman la herencia o no. Oscilan, orientativamente, entre los diez y treinta días desde que tuvo conocimiento de su condición de heredero.

Por último, añadir que no basta con pedir el beneficio de inventario en tiempo y forma, sino que ha de confeccionarse un inventario de los bienes de la herencia, es decir, una enumeración completa de todos los bienes de la herencia, lo cual se hace ante juez competente. 

A la formación del inventario se citan acreedores y legatarios de la herencia, que serán los que, a efectos del interés del heredero, desvelarán si el activo de la herencia es suficiente para cubrir las deudas y obligaciones de la misma. 

Legalmente, este proceso durará dos meses desde la citación a los acreedores y legatarios. Podría alargarse más, incluso un año, si los bienes se hallan en lugares lejanos, o son muy cuantiosos. 

Hasta que no se hayan completado los pagos y cumplidas las obligaciones contra la herencia, ésta se encuentra en administración, y, terminada esta etapa como de "liquidación" de la herencia, el remanente, si lo hubiere, ingresará definitivamente en el patrimonio del heredero, quien ya sabrá entonces, con seguridad, que, contra ese remanente que ha percibido, no se darán ulteriores reclamaciones y deudas. 

Solamente añadir que el heredero debe actuar fielmente en todo el proceso, porque si a sabiendas sustrajere determinados bienes del inventario o enajenare o sustrayera alguno de ellos, perdería el beneficio de inventario, con todas las consecuencias que ello supone y que hemos enunciado al principio, sin perjuicio de incurrir en otro tipo de responsabilidades que ahora no nos ocupan