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Superados tiempos que hoy nos parecen remotos, en la actualidad cualquiera de los cónyuges puede desarrollar una actividad comercial independientemente del otro. Por consiguiente, se hace necesario determinar cuáles van a ser los bienes afectados a dicha actividad, estableciéndose para ello en el Código de Comercio dos posibilidades de responsabilidad patrimonial: una, en el supuesto de consentimiento mutuo y expreso y otra, en el supuesto de consentimiento tácito, y ello tanto respecto de los bienes comunes como de los propios de cada cónyuge. Vamos a explicarlo.

 Efectos patrimoniales respecto de los bienes propios y comunes. 

Respecto de bienes propios.

El Código de Comercio dispone que en caso de ejercicio del comercio por persona casada, quedarán obligados a las resultas del mismo los bienes propios del cónyuge que lo ejerza y los adquiridos con esas resultas, pudiendo enajenar e hipotecar, los unos y los otros. Para que los demás bienes comunes queden obligados, será necesario el consentimiento de ambos cónyuges. 

Por tanto, los bienes propios del cónyuge empresario siempre quedan afectos a las responsabilidades nacidas del ejercicio del comercio. 

También dispone el Código de Comercio que el cónyuge empresario no puede afectar u obligar con su gestion mercantil los bienes propios del otro cónyuge sin el consentimiento _expreso_ de éste. Dicho consentimiento deberá constar en escritura pública e inscribirse en el Registro Mercantil. Podrá ser más adelante revocado por el cónyuge otorgante, sin que dicha revocación pueda perjudicar derechos adquiridos por terceros anteriormente.

En el supuesto de que ambos esposos sean comerciantes, si ejercen sus actividades separadamente, cada uno de ellos responderá de las obligaciones que contraiga con sus propios bienes, pero si desarrollan o explotan un negocio común, entonces habrá que entender que quedan obligados solidariamente a las resultas de ese comercio, respondiendo indistintamente los bienes de uno y otro sin perjuicio de que los acreedores puedan dirigirse también contra los bienes comunes.

Respecto de bienes comunes.

Para que uno de los cónyuges pueda disponer y obligar en el ejercicio del comercio a los bienes comunes, se requiere, en todo caso, el consentimiento del otro cónyuge, otorgado en escritura pública inscrita en el Registro Mercantil.

Sin embargo, el Código de Comercio presume prestado el consentimiento en dos supuestos: 1) cuando se ejerza el comercio con conocimiento y sin oposición expresa del cónyuge que deba prestarlo y 2) cuando al contraer matrimonio se hallase uno de los cónyuges ejerciendo el comercio y lo continuara sin oposición del otro.

Uno de los debates doctrinales que se suscitan es si respecto a determinados bienes gananciales (los adquiridos a resultas de los bienes propios) puede el cónyuge comerciante enajenarlos o gravarlos por sí mismo, sin consentimiento del otro cónyuge, como se desprende del Código de Comercio (art. 6) o por el contrario debe regir el Código Civil, que exige la actuación conjunta de ambos cónyuges. La doctrina mayoritaria entiende que debe prevalecer el criterio del Código de Comercio, como precepto especial frente al general del Código Civil, y, por consiguiente, el cónyuge comerciante puede disponer sin consentimiento del otro, de los bienes resultantes de los bienes privativos, que, en derecho civil, sería algo prohibido, por cuanto son gananciales y requieren la actuación de ambos esposos (1377.1º)

Por último, indicar que todo lo aquí expuesto podría modificarse en virtud de capitulaciones matrimoniales, celebradas antes o constante el matrimonio, donde lo estipulado tendría primacía sobre el régimen legal que hemos explicado. Eso sí, como impone el Código de Comercio, estas capitulaciones matrimoniales deberán ser inscritas en el Registro Mercantil si queremos que tengan efecto en el tráfico ante terceros.